Isabel Vázquez: a los 60 ella solo quiere bailar este era el titular con el que el diario El País encabezaba una larga entrevista a Isabel Vázquez con ocasión del estreno de ‘Zambra de la buena salvaje’ en el festival Madrid en Danza. El espectáculo sirve a la creadora para reflexionar, entre otras cosas, sobre la edad de la mujer en la danza.

También en El País, la periodista especializada en información y crítica de danza, Mercedes L. Caballero, firmaba “Bailar hasta que el cuerpo aguante: la danza contemporánea se rebela contra el edadismo”, un artículo que se preguntaba cuánto dura la vida de un bailarín.

En su anuario de 2025, la revista especializada en danza Susy Q hablaba de reivindicación para hacer referencia a la resistencia al edadismo de los bailarines mayores.

Parecería que el tema de la edad en relación a la danza está ahora de actualidad, pero bailarinas y bailarines llevan tiempo demostrando que quizá debamos hablar de la relación de la danza con la experiencia, en lugar de hablar de danza y edad.

El ejemplo más extremo podría ser el de Kazuo Ohno, una celebridad japonesa de danza Butoh, que continuó bailando hasta después de cumplidos los 100 años.

Birgit Cullberg, fundadora del famosísimo Ballet Cullberg, tenía 70 años cuando interpretó el papel de la Madre África en la pieza «Soweto» y 83 años cuando bailó en «Old and Door».

Cesc Gelabert estreno en Nueva York ‘Framing time‘ a los 65 años… y así podíamos seguir.

También existen compañías hitóricas con bailarines “seniors» en sus filas. Jiří Kylián creó, en 1991, el Nederlands Dans Theater 3 con bailarines veteranos y la suiza Nicole Berndt-Caccivio dirige, desde 2010, la Age Company, una formación de danza contemporánea con bailarines de más de 60 años.

La última referencia la tenemos muy cerca. La compañía de Vitoria-Gasteiz, Proyecto Larrua, acaba de crear una nueva línea de trabajo: La Senior de Larrua, un proyecto con intérpretes mayores de 40 años que reivindica la madurez escénica como valor artístico y busca visibilizar cuerpos con experiencia y con memoria.

¡Larga vida a la danza!